1/25/2011

The look



La mirada inocente de la niña que llevo dentro, la que me hace creer que cada mañana empieza el mundo y que lo tengo en mis manos. Que todo lo que desee es posible y que el universo de Coelho conspirará para que lo consiga. Anoche no me podía dormir. Las vísceras me querían marcar el camino a seguir y yo no quería escucharlas. Porque cambiar de rumbo da miedo, porque lo nuevo aterra... Pero a esta vida hemos venido a ser valientes, a ser humildes para ser realmente grandes y, sobretodo, a ser felices. Apelando a esa felicidad le di vueltas a muchas cosas en mis horas de insomnio y las dejé en barbecho sobre la almohada.

Esta mañana tampoco tenía sueño. Escuché a Oni hacerse el colacao en la cocina y me dió penita, porque sé que le encanta que se lo haga yo. Un tierno ritual que tenemos los dos cada mañana. Pero sabía que cuando retirara la colcha de mi nariz era para levantarme sin traicionar la mirada de esa niña, con un propósito.

Así que ahí estamos, en una nueva época de plantear y alcanzar metas. Y, de nuevo, este blog como soporte, como bitácora de los avances y las caídas. Creo que por eso lo tenía tan aparcado, porque está vinculado a mis emociones y ni yo sabía por dónde tirar, qué propósitos hacerme. A ver lo que me dura...

¡Besos de fresa para todos!

1/20/2011

La que sigue aquí



¡Feliz año! Me sonrojo al pensar que ni el año había felicitado por aquí. Pero si algo aprendí en 2010 fue a priorizar... de verdad. Durante toda mi vida había pensado cosas sobre mí misma que el puñetero año que acabamos de despedir me desmontó. Ni era tan generosa como me creía ni sabía priorizar o relativizar, por ejemplo.

No era generosa porque si, me dejo la piel por ayudar a los que quiero y a los que puedo. El matiz es que antes les ayudaba a hacer las cosas como YO creía que se tenían que hacer. Nada de apoyar a los demás y ayudarles en sus decisiones o dejarles elegir su camino. Y, a base de sangre, aprendí la lección. Si algo le pido a mi futuro después de lo mal que lo pasé es ser capaz de darme cuenta de las cosas de otra manera en lo venidero.

Y tampoco sabía relativizar ni priorizar. No valoraba mi armonía, mi paz interior. Ahora me quiero como persona con limitaciones que soy, sé hasta dónde estoy dispuesta a llegar y hasta dónde no. Eso lo aplico a personas, actitudes, situaciones y a mí misma. Lo malo es que cuando te tiras casi 30 años siendo complaciente, preocupándote más de agradar o no defraudar a los demás que de ti misma... cuando cambias de actitud muchas veces la gente no lo entiende. Ni siquiera los que tienes cerca. Porque no llevo un cartel que diga "PELIGRO, CAMBIOS ESTRUCTURALES EN CURSO". Así que ahí empieza un juego de compensaciones: si X persona me compensa puedo ser más paciente en el proceso de que se adapte a mis cambios, luchar para hacer que los entienda. Hasta el punto en que me compense, claro. Porque determinados caminos vitales no tienen marcha atrás.

¡La leche! Yo que venía a decir nada más que todavía no he decidido cuál será el futuro del blog y llevo tres párrafos. Hay cosas que no cambian, pese a todo. En fin, lo dicho, entre mis prioridades actuales no está tomar una decisión sobre el blog. De momento seguiré pasándome cuando me vaya apeteciendo aunque no tengo el tema tan abajo en mi lista como para que llegue, yo que sé, el verano por ejemplo sin que haya tomado decisiones al respecto.

En fin, soy yo, la que se marchó, la que sigue aquí sin mirar atrás, la que estuvo al borde del abismo... Vamos, que la canción de mi tocaya me viene al pelo (o casi, por suerte).

¡Nos leemos!