Y me siento mal por ello porque no tengo motivos para estarlo. Es como si estuviera asimilando una apatía y un desánimo que ya no son míos sino que me rodean. Pero no vienen de nadie en concreto, es como si el mundo me transmitiera esos sentimientos. O el entorno, o vete a saber. Supongo que en los tiempos en que vivimos de crisis y frustración puede ser hasta normal, pero no me gusta. Es como estar metida en una tinaja y no poder salir. Siempre he sido capaz de plantar cara a las energías negativas, a mi propio boicot emocional.
En cambio, ahora siento como si hubiera llegado a mi destino y no hubiera nada más para mí. Si intento identificar ese sentimiento creo que sé por dónde vienen los tiros. Ha llegado la hora de enfrentarme al mercado laboral periodístico, con la carrera a punto de terminar, y tengo pánico. De no conseguirlo, de no llegar, de no ejercer. Si lo pienso, y lo estoy haciendo ahora que tengo que verbalizarlo, ese pánico unido a que este año dejo la veintena es lo que me está paralizando.
He oído muchas veces que pasa cuando estás cerca de conseguir un objetivo vital que lo ves más lejano que nunca, entras en pánico y corres el riesgo de rendirte cuando casi lo tocas con la punta de los dedos. Sea como fuere, no me gusta estar así. No quiero concederle a este sentimiento más espacio en mi vida. Así que pido el consejo de mi querida audiencia, ¿qué me pasará? ¿tiene cura, doctor? ¿qué hago al respecto?
¡Feliz jueves!
