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Ventanas que se cierran, puertas que se abren

5/29/2015



Hay momentos en la vida en los que crees que no merece la pena seguir luchando. Que no eres bueno en aquello que creías serlo, que no llegará tu oportunidad o que si solamente has tenido fracasos es por algo. Entonces tienes dos opciones: rendirte o seguir adelante. Si sigues tendrás que analizar todo lo sucedido hasta entonces, sobretodo lo malo, y elaborar un plan de acción para corregirlo. Pero también saber ver lo bueno, para mantenerlo y potenciarlo. Ayuda que, algunas veces, el tiempo ponga las cosas en su sitio y te demuestre que aquello que creíste un fracaso otras personas lo consideraron un logro. El riesgo es que, para entonces, hayas elegido rendirte.  

Esta es la típica semana que incluye dos semanas en su interior. La primera la terminé ayer y desde hoy hasta el domingo comienza algo muy distinto: Startup Weekend edición especial Turismo y Gastronomía. Pero eso es todavía un libro por abrir... Los cinco días pasados, en cambio, han sido de esos que llenan el espíritu. Conversaciones, personas, situaciones... Demasiado conectadas y emocionantes como para que todo sea fruto de la casualidad. Más bien parece como si la vida quisiera darme un golpe de timón sutilmente, como si tuviera que tomar conciencia de que tanto las puertas que estoy cerrando como las que se abren ante mí son retos emocionantes y por todas ellas debo dar las gracias a los que están al otro lado. 

Haciendo el indio

9/21/2013

Llevaba un tiempo dándole vueltas al futuro de "este blog personal que nunca tendrá éxito de audiencia" pero que es un pedacito de mi vida. El primer impulso fue dejarlo morir en la inmensidad de la red de redes, lo creí necesario para que mi marca personal ganara en profesionalidad y seriedad. Crearía otro blog en el que crear contenido sobre cómo hacer un plan de social media, gestionar crisis,... pero nada de idas de olla o hablar de mi proceso de evolución personal. Mantuve esa idea en la cabeza meses, de hecho aún a veces pienso que es lo más sensato. 

Hasta que allá por julio tuve un parón laboral, de hecho era la primera vez desde los 16 años que no tenía ningún tipo de ingreso propio. Rápidamente me puse a echar currículums de lo que fuera, a buscar ofertas de trabajo hasta debajo de las piedras. En vista de que iría para largo decidí centrar mis esfuerzos en el proyecto de programa de radio que teníamos rondando la cabeza Lara Monrosi, Nacho Tudela y servidora hacía  tiempo. De paso me haría una web chula para darme visibilidad como freelance del social media, mi otra pasión periodística y lo que me lleva dando de comer los dos últimos años. Me puse manos a la obra pero, como ya me había pasado antes, empecé a tener bloqueos emocionales. Admiro profundamente a quien es capaz de trabajar desde casa porque yo me sentí poco más que una parada con aspiraciones que ya con 31 años jamás iba a hacer nada de provecho. ¡Qué jodido es cuando nosotros mismos nos boicoteamos! 

Así que decidí invertir en cambiar de chip, sobretodo porque me crucé en mi muro de Facebook con esto:


Conocí WorkINCompany trabajando para una red social hace más de un año y desde entonces había querido probar la experiencia del coworking. Así que, como digo, aunque eran momentos apretados económicamente hice una inversión en mi futuro. Aunque lo que voy a decir ahora suene a anuncio de teletienda es cierto, en una semana mi horizonte profesional había cambiado. 

Por un lado, un providencial encuentro casual propició que La Primera en la Frente (el programa de radio en el que estaba trabajando) vaya a estar en las ondas dentro de muy poquito. Además, de la mano de una profesional a la que admiro y que me ha inspirado en la forma de trabajar durante los últimos meses. De momento no puedo contar más y, aparte, soy supersticiosa para esas cosas y no quiero gafarlo. 

Y, por otro lado, la decisión de trasladar mi oficina de trabajo a la calle Rioja 13 supuso el germen de lo que hoy casi puedo llamar "empresa": Nativo Social. Sin extenderme mucho diré que recuerdo perfectamente el día que conocí a mi compañero de fatigas en este proyecto, Jaime Aranda y a Alberto Pérez Sola. Ambos están detrás de workINcompany, un espacio por el que llevan luchando como jabatos hace ya dos años. Porque creen en lo que hacen pese a las dificultades que siempre se tienen cuando se empieza algo que es tan nuevo, que nadie más hace. Eso ya me encantó pero Jaime me llamó especialmente la atención. Se interesó por la empresa en la que yo entonces trabajaba, por mi trayectoria profesional... Era como un niño intentando destripar el muñeco para ver cómo funciona por dentro, qué piezas forman el engranaje y así poder entenderlo. Luego descubrí que es así con todo, lo que supone una ventaja al a hora de trabajar porque yo también funciono a través de la comprensión de procesos lógicos. Somos "mu" raros, básicamente. 

Total, que a la semana de estar en el coworking nos sentamos a hablar y a partir de entonces nos sentamos mucho, a hablar, a trabajar y a hacer el indio. Porque, señores míos, nadie sabe la liberación personal y profesional que siento cada vez que digo "yo no trabajo, hago el indio, por eso somos nativos sociales". Y hago el indio por el mismo motivo que mi amiga e inspiración Maite González Noguer ha llamado COOL a su proyecto, porque estoy un poco loca.

Loca por hablar de trabajo a todas horas, loca porque me apasiona lo que hago, loca porque creo que lo que cada uno hagamos particularmente contribuye a configurar el entorno en el que vivimos y que si hacemos las cosas de manera diferente podremos tener un mundo mejor. Y, por qué no decirlo, loca porque lo primero que se nos ocurrió a Jaime y a mi cuando tuvimos claro el nombre de la empresa es vestirnos de indios. 

Con penachos de plumas nos plantamos en la Campus Party Europe de Londres y sobretodo Jaime captó la atención de todos los campuseros con su precioso penacho gris. Como estamos locos por lo que hacemos decidimos plantarnos en las oficinas de Hootsuite y en el Google Campus (luego descubrimos que había por la zona varias startups molonas que hubiéramos querido "colonizar como Social Bro, pero para la próxima). Para completar la "familia" nativa vino a vernos viajando de mano en mano Stabri, el muñeco viajero más famoso de las redes sociales. Es la mejor puesta de largo que se pueda imaginar y encima ¡me lo pasé tan bien!. 


En definitiva, llevo muchos años andando un camino de evolución y conocimiento personal muy duro pero apasionante. Llegué a conocerme bastante bien y entonces comencé el proceso de dejar de caerme mal, dejé de avergonzarme de quien realmente soy y de intentar mostrar una cara que yo consideraba si no perfecta, al menos, la mejor. 

Ya no quiero abandonar este blog porque es, en buena medida, mi marca personal. La parte de lo que soy y pienso que quiero compartir. Ya hemos empezado las rondas de conversaciones con potenciales clientes, que ha sido el motivo de que haya reflexionado sobre todo esto. Porque lo mejor que puedo contarles de nuestro trabajo a las empresas y particulares que nos contacten es lo mismo que cuento en este post: que nos vamos a apasionar con su proyecto, que vamos a buscarle hasta la última vuelta de tuerca a todo para sacar el mayor jugo y que estamos locos por lo que hacemos. Como llevo un tiempo diciendo, no me gusta nada definirme sino que prefiero que los demás me definan por lo que hago. 

Pero, como todo en la vida, nada de lo que ha pasado hubiera sido posible sin buena gente alrededor, por eso quiero dar las gracias a los que yo llamo el "grupo de apoyo nativo": A Nono por ser mi guía espiritual, a Iván por recordarme que no pasa nada por expresar cariño a los demás, a Lucía y Jorge porque son el mejor soporte como "nativos consortes", a Juanma por pensar siempre en mi y regalarme "El lechero en bicicleta", a José Manuel Ríos porque aunque no lo sabe ha inspirado parte de mi concepto del proyecto, a Patricia y Gabi por tantas cosas que necesitaría otro post entero para enumerarlas, a Alberto por apuntar en mi cuenta los bocatas de 10/10 y porque siempre que voy a WIC me hace sentir que me ha echado de menos, a Maite González Noguer por inspirar mi teoría de los superpoderes (y, en realidad, también debo agradecerles a tres de sus hermanos que me hayan inspirado), a todos los integrantes de Campabase por ponerme en el buen camino y hacerme un hueco en su mundo, al resto de coworkers de WIC por apoyarnos, a Belén y Sara por creer en mi más que yo misma, a Teresa por ser un ejemplo. Y a todos los que por redes sociales o en persona me dais aliento, a mi y a Nativo Social. Me dejo muchos muchos nombres. Pero tengo que terminar agradeciendo a mi familia por apoyarme aunque a veces no me entiendan y a mis amigos porque estén citados aquí o no, estén cerca o lejos de mi vida siempre me inspiran. Y, lo más importante, a mis sobrinos a los que sueño con dejar un mundo un poquito mejor. 

EDUCAR

6/21/2013



Al final del día no te lamentes por lo que no hiciste, ya pasó, alégrate por lo que lograste y piensa en cómo hacer que el día siguiente sea aún más alucinante. 

Lo último en lo que pienses antes de dormirte y lo primero que te venga a la cabeza por la mañana al despertar será, sin duda, el sueño de tu vida. No dejes que nadie te diga que no lo alcanzarás, que no es posible o que no es importante. Sea lo que sea, mientras no haga daño a nadie.

Si tienes hijos demuéstrales que estarás siempre ahí, hagan lo que hagan, pero deja que sean independientes. La seguridad, la independencia y el amor son el mayor tesoro que puede tener un ser humano.

Lleva siempre una bonita libreta contigo y apunta en ella esos pensamientos, sensaciones, emociones que al llegar a casa habrás olvidado. No pases eso a limpio, ni lo taches ni lo pierdas. Es el mejor diario de vida que podrás encontrar. Si te pasa en casa escríbelo en un blog.

Encaríñate con tus defectos como si fueran los de tu pareja, familia o amigos. Yo me hago gracia cuando me descubro, por ejemplo, insistiendo una y otra vez para que otra persona entienda lo que quiero decir aunque eso no sea posible. 

No dejes pasar un día sin reírte, o al menos sonreír. Por muy mal que vayan las cosas, aunque ocurra la tragedia más grande del mundo. Eso te permitirá sobrevivir. 

Ama, ama mucho hasta que no te quede aire. No se puede querer a medias ni tener miedo a amar, aunque te hayan hecho daño. Quiere a quien te quiera, adórales aunque se equivoquen una y otra vez. 

¡Se puede tener un único problema y ser un amargado de por vida o tener decenas de problemas y ser la persona más feliz del mundo!

Y no querrás desaprovechar el tiempo que te queda de función antes de que baje para siempre el telón, ¿no? 

Pues como dice mi querida Maite González Noguer, alias el 50% de Lulares

Aquí está mi Andalucía

1/26/2013


"Y tu, ¿de dónde eres?" Es la inevitable pregunta que tarde o temprano siempre sale cuando conozco a alguien. "¿Yo? De Sevilla. Pero me crié en Barcelona" contesto casi por instinto. Soy consciente de que no necesito dar tantas explicaciones a un completo desconocido pero es que es lo que soy, medio de aquí y medio de allí. 

Mi madre vino a Sevilla a ser madre por primera vez, casi como en un empeño de que no se perdiera la sangre andaluza en su familia. Si, nací en el hospital Virgen del Rocío y con las mismas volvimos a Barcelona al poco tiempo (días, semanas, realmente nunca lo he preguntado). Así que las primeras palabras que aprendí a leer estaban escritas en dos idiomas, sabía decir antes "blau" que "azul" en la guardería y esa herencia me marca aún hoy. En mi casa se respiró siempre "sevillanía", un profundo andalucismo. A todas horas del día sonaba la voz de Justo Molinero y las canciones de Radio TeleTaxi: Cantores de Hispalis, Isabel Pantoja, Rocío Jurado... Justo hablaba mucho de Andalucía, casi cada día lanzaba un mensaje lleno de nostalgia para los miles de emigrantes andaluces que vivíamos en Barcelona. Gracias a el y a las canciones empecé a escuchar hablar  de sitios como Triana, la calle Oriente, la Giralda, la Torre del Oro o el Albaicín. Tenía una imagen casi mitológica de todos esos lugares  que cantaban los grupos de sevillanas. Luego cuando venía de vacaciones Sevilla me parecía un paraíso. Mis abuelos, que no nos veían en todo el año, siempre nos tenían la casa llena de juguetes. Todo el mundo era cariñoso y agradable en Sevilla, se nos acercaba e interesaba por nosotras "las nietas catalanas de Lola y Carmelo. Yo no entendía muy bien algunas cosas: ¿Cómo podía ser todo el mundo simpático? ¿De dónde se sacaban palabras tan graciosas como "zarcillo", "chorla" o "albero"? ¿Por qué no tenían apenas edificios sino casas? ¿Eso no es desperdiciar mucho espacio de la ciudad? (por entonces no existía la Torre Pelli). Eso si, ni rastro de los sitios mágicos esos llamados Triana o los azahares que mencionaban en las canciones. 

Deseaba con todas mis fuerzas venirme a vivir a Sevilla... Hasta que me vine. A ver, entiéndanme. No cambiaría vivir toda mi vida aquí por nada en el mundo. Por calidad de vida, por el sol, por el entorno, por la carestía de la vida y por tener cerca a mi familia. Pero ¡hecho tanto de menos Barcelona! Me crié en el barrio obrero de la Verneda, en el corazón de una metrópolis. Compartí toda mi infancia con los mismos 19 niños y, en teoría, íbamos a seguir en contacto otros cuantos años más entre institutos y la época universitaria. Me encantaba ir el día de Sant Jordi a las Ramblas con mi madre y mis hermanas simplemente a ver el ambiente, ¡y que me regalaran un libro en vez de una rosa!. O coger las cosas de la playa y llegar andando por Prim. O la semana de carnavales, en la que cada día ibas al colegio de una manera más estrambótica para terminar comiendo coca mientras se quema el Carnestoltes. La Sagrada Familia, el carácter de la gente, el metro, los cruasans, los panellets... Hasta hecho de menos el que algún día mis hijos hubieran podido ir al mismo colegio que yo, el Ramón Menéndez Pidal. 

De Sevilla ahora adoro muchas cosas, amo vivir en Rochelambert, la Alameda, la Catedral en la que me casé, los movimientos culturales y sociales, mis amigos... Pero otras sigo sin entenderlas, las mismas preguntas que me hacía con nueve años cada vez que me bajaba del tren en la Estación de Córdoba cada verano. Descubrí que no todo el mundo es simpático, pero se esfuerza por parecerlo. Una de las máximas de nuestro carácter es el ser "bien quedao", aunque no soportes la presencia de la otra persona. Ese arte del disimulo y de leer entre líneas nunca lo terminaré de aprender. Me consuela que ni siquiera muchos sevillanos terminan de entenderlo. Y reconozco que ni sé tratar con gente que utiliza la fina hipocresía ni quiero. Tampoco entiendo ese cierto complejo servilista que sigue instalado en la mente de muchos andaluces. Tenemos un potencial humano y cultural envidiable en cualquier parte del mundo pero nos resignamos a lo que los "señoritos" políticos y de rancio abolengo dispongan. Nos conformamos con ser campeones en número de parados y somos expertos en criticarnos a nosotros mismos. Permitimos que de Despeñaperros para arriba piensen que únicamente nos interesan el Sevilla y el Betis, las ferias y romerías, los toros, el subsidio agrario y la Cruzcampo. 

No nos vendría nada mal imitar ese orgullo catalán y esa mentalidad de que a base de trabajo y de querer a nuestra tierra se puede decir ¡basta! y prosperar. Si desde fuera no nos van a ayudar tendremos que empezar a hacerlo nosotros mismos y somos muchos los andaluces que estamos por la labor. Salgamos de la endogamia de "como en mi Andalucía en ningún sitio" o terminaremos siendo de esos emigrantes que escuchan nostálgicamente música de su tierra en cualquier otra parte del mundo porque de quedarse no tendrían ni para comer. 

Necesito volver una vez al año, como poco, a mi Barcelona para coger aliento y ver las cosas con perspectiva. Pero no os he explicado aún por qué sigo viviendo en Sevilla (aparte de porque tengo una hipoteca). Sencillo, porque pienso que aquí hacen falta muchas manos, muchas voces que le repitan a los sevillanos que si podemos, que si valemos y que vivimos en una ciudad que una vez fue capital del mundo conocido. Somos mucho más que imágenes de Semana Santa, toros y Feria. Pertenecemos a una cultura milenaria que de una vez por todas debe sacar pecho. Estoy muy orgullosa de haberme criado en Cataluña, llevo con honra decir que soy bilingüe y mi segundo idioma es el catalán. Enseñaré a mis hijos el idioma y la cultura catalanas y a que estén orgullosos de vivir en Sevilla. Porque tanto aquí como en Barcelona está mi Andalucía. 

Rompiendo estadísticas

1/19/2013

¡Qué abandonado tenía el mundo del blog! Y es que cuando te tomas como una obligación algo que te divierte corres el riesgo de que deje de divertirte y por tanto dejes de hacerlo. Los humanos somos así de raros, aunque nos cueste aceptarlo. Complejos, ambiguos, a veces incoherentes... De hecho la única coherencia sana es la que se debe tener con uno mismo. No hay nada peor que no aceptarse o que actuar contra lo que uno es. Creo que muchos males del mundo, muchas depresiones, muchas actitudes llenas de maldad o autoritarias tienen su origen en la contradicción de algunas personas incapaces de verse como realmente son. Un amigo mío dice que es que a la mayoría de la gente le da miedo mirarse con ojos limpios y seguro que para otros tantos sería demasiado doloroso. ¡Pero hay que intentarlo!

Reconozco que yo me paso de analítica, intento medir las consecuencias de cada paso que doy y ¡así no se puede vivir! Hay que ser un poquito más espontáneo. El final de 2012 fue duro, muy duro. Volver a la realidad después de un sueño como fue mi boda y el viaje de mi vida por los USA ya era complicado. Pero se juntó con una traición que tuvo consecuencias laborales y personales, aunque donde me dolió profundamente fue en lo personal. Quería dejar ese trabajo desde hacía tiempo porque no era sano para mi, me estaba implicando emocionalmente demasiado para no obtener ningún tipo de reconocimiento. De ahí a cómo se hicieron las cosas hay un trecho, no es de ser buena persona. Cada uno que viva con su conciencia. Yo salí de la oficina empeñándome en que esa situación no me iba a apenar... Lo que decía antes, a veces nos empeñamos en que somos superhéroes cuando seguimos siendo humanos. Es algo casi biológico, las heridas tienen que doler y escocer para curarse. 

Por suerte para mi la navidad me ha salvado, amigos. Ríanse lo que quieran pero ni en las peores circunstancias soy capaz de perder el espíritu navideño o una profunda ilusión por la noche de Reyes. Y mira que este año me he empeñado en no tenerla pero ¡ha sido superior a mis fuerzas! Se acercaba la noche del 24 y todo empezó a mejorar: grabé dos especiales de "Aún no es viernes" con Nemo y Carlos Martín y fue una delicia, radio en estado puro. El "elfo de la navidad" como me llaman en casa volvió a sus rituales de cada año: salir a comprar regalos con mi madre y comer churros en la Encarnación, los pactos y alianzas para regalar a unos y a otros... En eso me planté en Nochevieja y ¡más tradiciones! Escribí en un papel mis deseos para 2013 y tiré las cenizas a la mañana siguientes, luego hice mi carta de Reyes y les pedí un trabajo. Nunca he estado sin trabajar, sin tener mis propios ingresos. Y se me desgarra el corazón ahora que sé lo que es eso pensando en los millones de personas que en este país siguen sintiendo esa impotencia, esa frustración, esa rabia contra ellos mismos por verse inútiles mientras su familia vive cada vez en una situación más precaria. 

El año nuevo y los Reyes Magos me trajeron un trabajo, una pequeña fuente de ingresos... pero también la inspiración. De algún modo creo que necesitaba pasar por esa experiencia para poder entender qué se siente y luchar con más fuerza para que nadie más pase por ello. Llegó el día #Wert y cientos de personas conseguimos que escuchara nuestra indignación. Esa noche ganamos. Después me quedé con otros periodistas de los medios de comunicación generalistas para cubrir las declaraciones del ministro y me di cuenta que los compañeros están maniatados por las líneas editoriales de los medios pero que es necesario que se haga otro periodismo. Un periodismo libre, honesto, objetivo y con el propósito de controlar el poder político y económico en vez de servirle.

Esa noche, mientras subíamos a Youtube las declaraciones de Wert, parte de mi equipo y yo misma teníamos un brillo especial en los ojos. La adrenalina de hacer periodismo es algo que entiende cualquiera que esté atrapado por esta maravillosa y difícil profesión. ¿Qué quiero decir con mi equipo? Pues eso, que junto con Lara Monrosi, Nacho Tudela y Daniel Ortego formo un equipo radiofónico que va a dar mucho que hablar en este año recién nacido. Todavía no tenemos fecha de salida ni sabemos en qué emisora será. Pero no queda mucho para que podáis escucharnos al frente de un proyecto de radio que nos tiene locos de ilusión. 

Dedico este post a todos los que han perdido la esperanza, los que creen que no se puede, que su situación y la del país no tiene salida. SI, se puede. Las estadísticas están para romperlas. Lo único que hace falta es seguir esta receta:

1º Levantarse cada día con una sonrisa.
2º Mirarse a uno mismo con ojos limpios para intentar ser un poquito mejor. Nada de reproches o sacarse fallos. Seas como seas eres un ser maravilloso, especial y único. 
3º No rendirse nunca. Cuando tienes un sueño el universo conspira para que puedas conseguirlo. Manda a la mierda a quien te diga que no puedes. 
4º Si todo lo demás no funciona piensa que nada en esta vida es lo suficientemente malo como para perder la vida por ello o malvivir amargado por los problemas. Lucha por tu techo y tu comida, al resto que le den por saco.

¡FELIZ AÑO 2013 A TODOS, SOÑADORES!

The boxing bride

8/30/2012

Si, en seis semanas y dos días cambiaré de estado civil. ¡Me caso! Y siempre tuve muchas ideas preconcebidas de cómo era organizar una boda, como sería yo el día que me casara, mi relación, mi familia... ¡Qué inocente era! 

Debo contar, para empezar, que yo nunca quise casarme... Hasta hace unos años. De muy jovencita era lo que ahora se conoce como perroflauta y me veía con 30 años viviendo en una comuna hippie o dando la vuelta al mundo en una autocaravana. Las experiencias matrimoniales a mi alrededor no eran ejemplos inspiradores, así que decidí que si eso de estar casado salía mal, ¿para qué hacerlo? 

Pero fue Oni y apareció en mi vida. Con el paso de los días, meses y años me di cuenta de que no quería pasar ni un instante de mi vida alejada de el. En trece años de relación pasan muchas cosas, hay crisis, buenos momentos, malos recuerdos. De todo, vaya. Llegó un momento en el que mi cuerpo y mi mente me pedían ir un poco más allá, celebrar que nuestro amor había podido con todo y que seguiríamos juntos para siempre. Y ya la teníamos liada porque por primera vez empecé a ilusionarme con la idea de una boda. Para colmo a Oni se le ocurrió la brillante idea de proponérmelo y desde entonces hasta ahora ha pasado un año más rápido que un suspiro. 

Nuestro último año de solteros ha sido una montaña rusa. Todo el mundo cree saber cómo lo vives y, de hecho, te dice que para qué te casas si nada va a cambiar. ¡No saben cómo se equivocan!. Desde el momento en que pasamos de ser "novios" a estar "prometidos" todo se revolucionó. Afloraron miedos, dudas y pasiones a los que no nos enfrentamos antes porque "había mucho tiempo por delante". A mi, en ese momento, me daba pena no estar disfrutando de éstos meses previos con tanta comedura de coco. Ahora entiendo que necesitábamos darle a la pareja la vuelta como un calcetín, renovarnos y depurarnos. Eso nos ha unido yo creo que como nunca. 

Y así hemos llegado hasta agosto de 2012, el mes en que más nervios estoy pasando de toda mi vida. Todo a nuestro alrededor parece haberse vuelto una locura. Las personas que nos quieren están emocionadas con la boda y, a veces, casi más nerviosos que nosotros. Hasta el novio está atacado. Pero, como servidora tiene el carácter fuerte que tiene, todo el mundo justifica sus nervios con que yo se los contagio. Y no, porque me habré vuelto egoísta que no suelto ni un poquito de tensión. La gente, otra vez en su eterna sabiduría, me dice "¿por qué te pones nerviosa?" o "tómate las cosas de otra manera". No entienden que si pudiera hacerlo, lo haría. Pero no puedo. Temblé como una niña asustada la noche antes de encargar mi vestido de novia y ahora me despierto sobresaltada en medio de la noche sin motivo. O alcanzo niveles muy altos de ansiedad cuando simplemente estoy andando por la calle. A una futura novia (o bride, en inglés, una palabra que adoro) no se la debe tratar de entender, únicamente puedes consolarla, distraerla o ayudarla a terminar sus cositas. En ese aspecto soy la mujer más afortunada del mundo porque la red de redes puso en mi camino a un grupo de haditas que nunca me abandonan. La cuenta atrás ha comenzado y yo ya me he puesto los guantes para sortear, a puñetazos si hace falta, los días que me separan del altar. ¿Me acompañas? 


Carmina, revienta o échale cojones

7/06/2012

Perdónenme si me he vuelto un poco grosera pero a veces las cosas hay que decirlas claras y más cuando titulas, ¿o no? Y es que ayer la ópera prima de Paco León, Carmina o revienta, me planteé un par de cosas. Tengo una amiga con la que me identifico mucho en que ambas somos de armas tomar, mujeres que tenemos muy claro lo que queremos y no nos conformamos con menos. No nos gusta que nos miren por encima del hombro ni que nos traten de forma condescendiente. Apenas soportamos la supuesta caballerosidad que esconde un sutil y rancio sentimiento de superioridad. Por eso no nos reímos de los chistes de ligoteo ni contestamos al "estudias o trabajas" o al "¿qué hace una chica como tu en un sitio como este?". 


Sobre el papel esta definición debería ser la de una chica valorada socialmente por su capacidad crítica y su actitud hacia la vida. PUES NO. Muy al contrario, es todo un foco de problemas. En primer lugar con la sociedad en general, que espera que te adaptes a ella, que sigas la corriente y que, en todo caso, no propongas un plan alternativo. Vamos, mayormente lo que también esperan los hombres de nosotras. Así que si eres hetero ya tienes de entrada un problema por partida doble: con el mundo y con tu pareja. 

Como persona humana querrás echarte amigos, ERROR. Seguramente también saldrá más. Lo normal es que tomen tu manera de ser de dos maneras diferentes: o creen que quieres imponerles cosas porque cuando hablas lo tienes muy claro o les jode que no les dejes imponerlas a ellos. Y digo yo ¡mira como no se quejan de que siempre propongas planes molones, que te preocupes en que gusten a todos, te comas el marrón de organizar los pormenores! Claro que los amigos de verdad si que valoran estas cosas pero siempre pensarán que en el fondo eres una pequeña dictadora.

Está claro que la mujer "normal" debe tener los labios siempre pegaditos, limitarse como mucho a sonreír y ladear la cabeza como si fuera un Ewook en celo. En el fondo es lo que se espera de nosotras. Querido lector, si no me crees te pongo un ejemplo: ¿Quién te cae mejor, Marilyn Monroe o Angela Merkel? Pues eso. No es una cuestión de machismo, sino de expectativas.















Luego está la concepción social del liderazgo. Los líderes naturales están denostados en nuestra cultura porque son peligrosos para las estructuras de poder establecido que necesitan nutrirse de patanes en puestos importantes para perpetuarse. Toma ya. Pero ¿qué tiene todo esto que ver con Paco León y su madre? Ups, para variar se me ha ido la tecla al cielo y no lo he contado...

Carmina o revienta habla de una mujer fuerte, una matriarca, una líder natural que cuida de su manada echándole cojones a la vida. Un ejemplo a seguir y aún así una persona maltratada por la vida. Terminará por ser considerada una de las mejores películas españolas de lo que llevamos de siglo y auguro, al menos, nominación para Carmina Barrios. Si mezclamos a Tarantino con Almodóvar en sus películas con Carmen Maura y ponemos de protagonista a una señora de Los Pajaritos obtenemos algo muy parecido a esta cinta. Encima, viendo la peli, apoyas el proyecto de su hijo que (echándole también dos cojones) se ha enfrentado a la industria cinematográfica diciéndole que es posible vender películas por internet a 2€ y ser rentable. 

Moraleja: Si una mujer con los ovarios bien puestos ya puede cambiar el mundo por si sola ¿qué no conseguirá su estirpe? 

Dedicado a todas las mujeres que hayan recibido una palmadita en la espalda de su jefe y especialmente a una. We want to break free!!


You know my name (Look at the number)

1/09/2012

Es curioso como con el paso de los años olvidas muchas cosas pero hay momentos, instantes, cápsulas de memoria que quedan intactas. Con ellas construyes tu biografía que, por estar basada en recuerdos aleatorios, es parcial e inexacta. De mis primeros años de vida, por ejemplo, tengo recuerdos espaciados a lo biopic. Con cuatro años tuve mi primer mote. Acababa de empezar en el colegio y no entendía por qué los otros niños lloraban al entrar por las mañanas, tampoco me hacían gracia colorear ni las otras niñas. Así que imagínenme con lo "tiquismiquis" que yo era, que odiaba mancharme, jugando con los niños de clase. Me tomaban el pelo constantemente y, una vez, jugando a golpearnos unos contra otros me hice un arañazo en la cabeza. En un alarde de original preescolar mi primer mote fue "cabeza de sangre", por primera y última vez los chicos corrían al verme y yo tenía que pillarlos... nunca me ha gustado correr, por lo que el juego podía durar horas. 

Lo que si me fascina son los motes, supongo que porque los que me han puesto a mi siempre han sido una mierda. Al menos de los que tengo constancia. Demasiado obvios o sin carisma. El nivel de motes en el colegio no mejoró con "martirio" o "marta tiene un marcapasos" (largo hasta como título de canción, imaginen su complicación como mote). Lo malo de los motes es precisamente que no te enteras de los más ingeniosos. Yo estoy en contra de eso, porque mientras se hagan desde el respeto los motes son una gran ayuda para recordar de una manera divertida a la gente. En compensación de mis patéticos motes he ido adquiriendo con el tiempo una extraña habilidad de esas inservibles que homenajean Robert Rodriguez y Rose McGowan en Planet Terror: poner apodos. El principal damnificado por esa extraña pasión es mi chico, Oni. Pero ¡es que me las pone a huevo! Últimamente le toca ser el Grinch por méritos propios. 

Otra cosa que pasa con los motes es que te sientes orgulloso cuando se extienden. Cuando escuchas a alguien usar tu invención... eso no tiene precio. Normalmente intento buscar un apodo amable, que resalte una cualidad graciosa o particular de la persona como uno que se convirtió en especialmente popular en mi anterior trabajo fue "el camisetas" (de hecho tengo a ese chico en el móvil así y no recuerdo cómo se llama). Se le quedó el mote porque sus camisetas eran únicas, con un mensaje distinto para su estado de ánimo del día. Otro con cierta fama en mi época de teleoperadora fue "el cejitas" a un chico que las tenía especialmente bien puestas, incluso parecían depiladas. Leches, tampoco recuerdo como se llamaba... Ese es el peligro de los motes.

En definitiva, ¡pongan motes!. ¿Qué puede existir más entrañable que un mote cariñoso? Anímese, pero con una prohibición: NUNCA se ponga un mote a usted mismo. Eso es la muerte del mote, el anti-mote. Porque la función de los apodos siempre es que reflejen cómo los demás nos ven desde fuera y eso, a menos que te saques un ojo y lo sujetes con una mano... es complicado, ¿no? Además, ¿y lo que se aprende así sobre uno mismo? Pues eso. 

PD: Ala, el tocho que he soltado y todo porque ayer vi a mi amiga la "Cabbage Patch kid". 

You saved my soul

9/13/2011

Siempre llevo encima un cuaderno en el que debería escribir las ideas que se me ocurren cuando se me ocurren. Esta mañana, yendo hacia una reunión, empecé mentalmente a escribir una entrada para este blog cojonuda. Las palabras salían solas, todo fluía. Era una estupenda reflexión sobre los 30 años que acabo de cumplir, sobre que ahora es el momento de ir a por lo que quiero en esta vida y dejarme de tonterías... Palabras que se llevó el viento mañanero de Los Remedios.

Ahí quedó la cosa hasta que hace un rato, cansada de estudiar, me puse a buscar versiones raras de Los Beatles en Youtube. Y ahí estaba, el recuerdo nítido del año en que cumplí 20, hace justo una década. Todo resumido en una frase, el título de una canción: You saved my soul, (tú salvaste mi alma).  Esta es su historia:



Era finales del 2001 y yo, a mis recién cumplidos veinte, asistía a uno de los tres conciertos semanales que Los Escarabajos daban en el pub sevillano O'Neill's. Como siempre bailaba en primera fila, junto al escenario, con Teba, Jenny y los demás habituales mientras Oni me observaba. Había conocido al grupo casi de casualidad unos meses antes y desde que fui al primer concierto ya no me perdí ninguno. Ni siquiera los que eran fuera de Sevilla: Granada, incluso Valencia. Me iba casi a la aventura, quedándome en casa de alguien del canal #beatles de IRC Hispano, ¡qué tiempos aquellos! Apenas podías encontrar páginas web y en España no se comercializaba apenas el ADSL... pero ese es otro tema. 

Volvamos a aquella noche. Como buena incondicional me quedé hasta el final del concierto para saludar a los músicos pero aquella noche no sería una de tantas. Enrique Sánchez, el guitarra solista, me llamó aparte para enseñarme la portada de un disco que llevaban preparando mucho tiempo con gran mimo y por fin iba a ver la luz:


Tomaron como base maquetas que dejó John Lennon incompletas. Las arreglaron y terminaron como supuestamente lo habría hecho él basándose en lo que del artista se conocía. Enrique me enseñó el libreto, era precioso, una maquetación excelente... miré dos veces los agradecimientos y ahí estaba mi nombre, "Marta García". Curiosamente un apellido que ya ni utilizo pero que estaba ahí, en el primer y único disco en el que he aparecido (bueno, hice algunos coros para un cantante de copla... todos tenemos un pasado, amigos).

El caso es que me emocionó muchísimo aparecer en Lennonphile. En ese momento comenzaron a pasarme las cosas maravillosas que en mi infancia, muy dura, supe que me pasarían algún día. Al poco tiempo de que terminara mi contrato con Sevilla Rock recibí una llamada del grupo citándome para una reunión. Apenas pude dormir hasta ese día y siempre tenía el mismo sueño: me iban a proponer trabajar para ellos. Tal y como habían hecho Los Beatles con Neill Aspinall yo sería su mano derecha. Llegué a la cita sudando como un pollo, deseando pasar el trance de los saludos y las introducciones banales para saber si mi sueño se cumpliría. Ese día comencé a creer que si deseas algo con mucha fuerza, si lo pones todo de tu parte, puedes conseguir lo que te propongas. Me convertí en la joven aprendiz de manager de Los Escarabajos y con ellos me quedé hasta la separación del grupo dos años después. 

De ellos lo aprendí todo, fueron como el padre que no tenía. Cada día un sitio diferente, gente diferente, otro ambiente. Cuidaron de mi, en cierto modo me protegieron porque yo estaba muy verde en demasiadas cosas. Era como un pato mareado en la puerta de una sala de baile. Ni siquiera sabían que antes de conocerles yo estaba metida en un pozo muy profundo en el que únicamente tenía a Oni para tirar de mi. Y sin saberlo, me sacaron. En aquellos dos años fui muy egoísta, viví la vida a tope, sin desperdiciar ni un segundo. Tengo recuerdos inolvidables: mi primer viaje con ellos en furgoneta con bautismo de fuego incluido, la noche que pasamos en la casa encantada con pasadizos secretos, el bar del hombre negro que siempre vestía de naranja o la que liamos en una gala de misses no recuerdo dónde. 

Diez años después escucho esta canción, el primer single de Lennonphile, y les echo mucho de menos. Porque aquellos momentos ya no podrán volver nunca, ni Los Escarabajos a los que admiré. A ellos, a las personas con las que compartí esos años, les guardaré siempre un cariño especial. Porque les debo, en parte, la mujer que soy hoy en día. Porque me dieron la segunda mejor oportunidad que me han dado en mi vida. Porque seguro que muchas cosas que vengan en el futuro será gracias a lo que aprendí de ellos. Y porque, junto con Oni, ellos salvaron mi alma.

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Levedad

8/28/2011

Bueno, da vértigo pensar lo rápido que pasa el tiempo... sobretodo el verano. En el mes de agosto te quedas como anestesiado y cuando empiezas a reaccionar ¡ya ha terminado!. Cada año dices que al siguiente lo aprovecharas ¡y te vuelve a pasar lo mismo!. A mi blog parece que este mes le ha pasado lo mismo. Lo dejé el mismísimo día uno, con insomnio y alevosía. De tanto darle vueltas al coco parí un proyecto al que sigo dando forma casi un mes después (y espero relanzar en breve). Han pasado muchas cosas y muchas veces he dicho "esto lo tengo que publicar en el blog" pero me he dejado llevar por la inercia de un mes que parecía perdido pero, pensándolo cuando casi termina, ha sido muy importante. Casi el más importante del año si me apuran. Entre otras cosas he cumplido 13 años de relación y da vértigo. Nunca pensé que llegaríamos tan lejos, sobretodo cuando estuvimos en el mismo abismo hace muy poco.

Agosto termina, amigos, y un nuevo año empieza. He dicho muchas veces que septiembre es el auténtico año nuevo. Este año igual me equivoco porque para esta España en que vivimos el año seguramente empezará el 20 de noviembre, gane el "barbitas" Rajoy o el quijotesco Rubalcaba. Pero yo cumplo años en septiembre, concretamente el día 10, y cambio hasta de ciclo, hasta de cifra. Llegan los 30 antes de los cuales yo pretendía tener mi vida resuelta, un trabajo enriquecedor y dos o tres chiquillos. Los dos años anteriores el día de mi cumpleaños estuvo ligado a uno de los mejores y uno de los peores días de mi vida. En 2009 un artículo mío aparecía en la portada de un periódico, estaba cumpliendo mi sueño haciendo prácticas en la radio y me dieron una fiesta sorpresa. En 2010... vaya mierda de año... mejor no recordarlo.

En fin que, contra todo pronóstico, tengo ilusión y ganas porque llegue el día y afrontar la treintena con una sonrisa. Sin todos mis sueños cumplidos, vale, ni falta que me hace porque tengo lo más importante: la fortaleza, la estabilidad y las ganas de alcanzarlos. Y eso es un regalo que, si lo pienso detenidamente, no podía aspirar a tener hace diez años.


Mari Pepa Melguizo

6/06/2011

Son casi las nueve de la mañana de un día cualquiera en la primavera de 1996. Con paso acelerado cruzo la puerta de entrada del instituto Luis Cernuda y me apresuro a entrar... en la cafetería. Ya es tarde para llegar a clase de historia y pienso que con el buen tiempo que hace seguro que encuentro alguien con quien pasar el rato hasta la siguiente hora. Además, esa supuesta capacidad de decidir si asisto a clase o no me hace sentir mayor, importante. Pegada al patio veo una mesa ocupada y cojo una silla para unirme a la conversación, me siento y suena un gran estruendo. La puerta golpea violentamente la barra y tras ella, majestuosamente, aparece Mari Pepa Melguizo. La gran soprano solista, pese a sus dolencias, permanece de pie, inmóvil mirándome fijamente. Sin mediar palabra me señala la salida y como gran diva que es hace mutis por el foro dejando tras de si una atmósfera especial. Me levanto de un respingo y corro tras ella, cuando entro en clase de historia ya está al frente así que voy hacia mi sitio entre miradas jocosas de algunos compañeros... Estoy convencida de que Mari Pepa ya les ha contado el incidente.

Así era Mari Pepa, mi profesora de historia. Grande, en todos los sentidos. Con la cara más expresiva que me haya encontrado jamás pero siempre simpática, divertida, picarona. Unos ojos grandes que, detrás de sus gafas, podían derretir el acero con una de sus irónicas miradas. A Mari Pepa le gustaba repartirnos los exámenes uno a uno, llamándonos a su mesa delante de toda la clase. Cuando te nombraba y la mirabas, ya sabías cómo había ido el asunto. Puedo presumir, sin querer parecer vanidosa, de su afecto. Y no sólo porque interrumpiera una clase y casi sin poder andar me sacara de la cafetería, no. Una vez me puso en un examen un 9'9 de nota. Mientras me acercaba a su mesa a recogerlo, contó a mis compañeros que esa décima me la quitaba "de coraje" por poner 2º Milenio con números romanos. Otra vez al llegar a clase nos encontramos escrito en la pizarra "MARTA CREE QUE PERÚ LO CONQUISTÓ ANTONIO PIZARRO" (nombre de mi profesor de matemáticas, el conquistador era Francisco Pizarro y confieso que aún confundo los nombres xDDD). Las burlas por ese asunto duraron años. También recuerdo con cariño el día en que mi amiga Sandra cumplía años, yo estaba en un examen de historia y le pedí a Mari Pepa salir para darle el regalo. Si, en medio del examen. Y si, me dejó con un "pero Martaaaaa" y mirándome como si me perdonara la vida, muy teatral como ella. Esa era Mari Pepa y yo abusaba de su cariño, la verdad.

Pero no quiero ser egoísta porque sé que el amor de Mari Pepa era para todos sus alumnos. Aunque ella dejó este mundo hace ya mucho, por 2001, me emociona ver que en el rinconcito que tiene en Facebook nuestro instituto todavía es la más recordada y querida. Será porque en sus clases se aprendía mucha historia y mucho de otras cosas. Como música; ya he contado antes que Mari Pepa era soprano, solista en el Maestranza para más señas. Había tenido una larga trayectoria profesional y era muy fan, creo recordar, de Plácido Domingo (y espero no equivocarme porque parece que me la imagino clavándome la mirada por el error). La que no le gustaba nada era Montserrat Caballé, nos contó que con esto de las Olimpiadas le tocó grabar en playback con ella y era una diva insoportable, como no le gustó el tipo de madera con que estaba hecho el camerino se negaba a actuar. Luego el coro de la Maestranza le quiso cantar un villancico y los rechazó. Reconozco que ahí le cogí yo también manía a la Caballé, hacerle eso a mi Mari Pepa, vamos.

Tampoco era raro que nos cantara en clase. La interpretación más hermosa que he escuchado en mi vida del coro del Nabucco nos la regaló un día, sin venir a cuento, después de contarnos de qué iba la ópera de Verdi en medio de una lección sobre la Edad Media.



Lo único malo de Mari Pepa es que había épocas en que no la veíamos por clase. Todos sabíamos y ella no ocultaba que aquellos, sus últimos años, no tuvo mucha suerte. Sufrió mucho con las enfermedades y posteriores fallecimientos de sus padres pero, lo grande de Mari Pepa, es que hablaba de ello con afectación pero transmitiendo siempre energía positiva. Incluso nos leyó la esquela que a su padre, Francisco Melguizo, dedicó ABC de Sevilla por ser uno de sus más destacados críticos musicales. En esa edad tan egoísta que es la adolescencia, nos enseñó sin que nos diéramos cuenta a enfrentar las estocadas de la vida con una sonrisa, sin perder el buen humor pero sin querer pretender que todo está perfecto. Mari Pepa tenía un aura solitaria, enigmática. Se decía que de joven había sido miss y lo cierto es que su rostro era de esos que se nota que han encerrado una gran belleza porque conservan mucho de ella. Era fuerte, enérgica, nunca se rendía. Daba clase casi sin poder andar, aunque tuviera que darla en el salón de actos porque no podía subir escaleras. Aprendí de ella que nunca es tarde, que los romanos para pedir 5 cervezas levantaban dos dedos en forma de V, a ver la parte hermosa de la vida siempre y a no tirar la toalla.

Un día, muchos días después del de la cafetería, me encontré a alguien del instituto. No sé a quién ni por qué, pero me contó que había fallecido y que le harían un homenaje por días después en el Cernuda. Si recuerdo perfectamente el sitio en que estaba, que tras recibir la notica volví a casa entre incrédula y asombrada para luego romper a llorar. Era la primera vez en mi vida que se iba alguien a quien yo quisiera, y la quería tanto. Entonces comprendí que ella no me habría querido ver llorar, miré al cielo, la recordé cantando, poniendo caras teatrales mientras daba los exámenes. Me acordé del porrazo que le dio a la puerta de la cafetería como diciéndome "Marta, levanta el culo y lucha. Por mí".

Muchas veces me he acordado de ese portazo desde entonces, Mari Pepa, y muchas veces me habrías tenido que volver a reñir. Pero no me he rendido, y tu recuerdo hace que quiera que un día te sientas orgullosa desde tu pedacito de cielo. El día que supe que te habías ido me prometí que nunca te olvidaría, pocas promesas en esta vida me ha costado tan poco cumplir. Porque una estrella fuerte, poderosa y brillante como tú, se resiste toda la eternidad a apagarse.

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"Vale, tengo un problema con..."

5/11/2011

Muy pocas son las veces que empezamos una frase con estas palabras convencidos de lo que estamos diciendo. Supongo que es porque en esta sociedad occidental en que vivimos tenemos tan interiorizado el sentimiento de culpa que asimilamos que reconocer un error es vergonzoso. Pero, amigos, no hay nada más liberador para el espíritu que dar un paso al frente y reconocer que algo te supone un problema o que has hecho tal cosa mal.

Siguiendo mis propios consejos hace unos días (cuatro concretamente) di un golpe en la mesa y dije: "¡Si! ¡Tengo un problema con la comida!". Como lo dije gritando, el pobre Oni se giró asustado pensando que le decía algo a él. Explicar los motivos de mi problema me llevaría tres entradas de blog y una sesión de psicoterapia pública, aunque lo bueno es que los tengo perfectamente identificados y con que yo lo sepa, basta. Lo que si puedo explicar es qué problema tengo con la alimentación. Es sencillo, relaciono los momentos felices con comida. Si veo una película sólo la disfruto con unas palomitas y un refresco, si quiero que sea un día especial tiene que ir acompañado de una comida especial. También como cuando tengo un mal día, cuando quiero evitar reaccionar desproporcionadamente ante una situación o si creo que puedo tener ansiedad.

La gota que ha colmado el vaso ha sido descubrir qué narices era el síndrome de abandono, ¿lo recordáis?. Pues es que desde que soy consciente de que la mayoría de malas sensaciones que tengo durante la semana provienen de este síndrome trato de asilarlas, eliminar de mi mente ese malestar infundado. Y, claro, ¿qué mejor ayuda que unas grasas saturadas o un mucho de azúcar para subirme el ánimo?

A eso debemos sumarle que soy consciente hace tiempo de que necesito mejorar mi forma física, ya no por el peso que tengo de más sino por una cuestión de salud. Lo que pasa es que hasta ahora tenía otras prioridades anímicas y de desarrollo personal. No me arrepiento, creo que he seguido mi proceso vital en el orden correcto: primero un gran conocimiento de mí misma y después cambiar malos hábitos que me hacen infeliz.

Estoy siguiendo un método patentado por Oni y por mí (el Método Michael Jackson), con una dieta recomendada por un nutricionista y una rutina de ejercicios supervisada por un profesional. Además me he hecho un reconocimiento médico previo para no correr riesgos. Me he propuesto perder unos veinte kilos y, lejos de avergonzarme, me enorgullece haber sido capaz una vez más de coger otro toro por los cuernos. Porque, señores, la vida es tremendamente corta y perderla lamentándose por lo que podríamos hacer y no hacemos es UNA SOBERANA TONTERÍA.

Así que os lanzo el siguiente reto: Durante 60 días seguiré a rajatabla el Método Michael Jackson y pretendo perder por lo menos la mitad de esos 20 kilos, ¿qué reto haréis vosotros para acompañarme? Tiene que ser algo que siempre estáis dejando para otro momento, algo que realmente deseáis hacer pero nunca hacéis: el carné de conducir, dejar de fumar, perder peso también, aprender a hacer el moonwalker... Venga, a ver si viendo vuestros retos me motivo para seguir en mi empeño.

¡Feliz miércoles! Y, en especial para mi Oni que hoy cumple 31 añacos.



¿Desea saber más?

Si te ha gustado esta entrada te recomiendo la lectura del siguiente post de Kirai: Hansei


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A day in the life

5/07/2011

Queridos lectores:

Hace unos días os hablaba en este mismo rincón del Síndrome de Abandono. Me enorgullece decir que en tan poco tiempo soy capaz de identificarlo cuando me sobreviene. Lo que me ha sorprendido es que no es algo esporádico sino que son varias las veces al día que me embarga ese sentimiento de rechazo, esa sensación de que el otro es consciente de lo malo que hay en mí y eso provoca su reacción. Así que en cuanto me doy cuenta, lo corto de raíz y ¡zas en toda la boca!, desaparece. El problema que me estoy encontrando, por ahora, es que como sabéis la energía ni se crea ni se destruye sino que se transforma. Y todas esas veces que me he contenido para no sentirme abandonada me pasaron factura hace unos días con un rato de estado de ansiedad al más alto nivel. Desde entonces estoy probando un consejo de mi amiga Carmela: "cuando algo te agobie mucho míralo desde fuera, como si el asunto fuera de otra persona". Esa especie de viaje extracorpóreo me está sirviendo de momento, ya os contaré si tiene algún efecto secundario o es la solución definitiva.

Por otro lado, señoras y señores, he empezado a tomar consciencia de que este año abandono la veintena. Lo bueno es que como dice el refrán "mal de muchos, consuelo de tontos" y antes que yo han cumplido los treinta dos amigas muy queridas en los últimos meses por lo que de un tiempo a esta parte es frecuente que salga el tema de en qué vamos notando la edad. La verdad es que físicamente lo noto poco de momento, supongo que como tengo la forma física de una ameba debo asfixiarme más que una viejita del imserso con su sombrilla cogiendo sitio en Benidorm a las ocho de la mañana. A nivel de coco tampoco he notado nada raro aparte de esa sensación de "quiero hacer X antes de cumplir los 30" (cámbiese X por la carrera, por planes de boda, por encontrar trabajo en la radio o por aprobar las pruebas de acceso al master de El País... mismamente). Me agobia pero relativamente, porque si me quedo (virgencita) como estoy también soplaré la tarta muy feliz. Más me preocupa cómo narices celebrarlo, porque vamos a ver... es un acontecimiento emblemático, un número redondo y sólo pasa una vez en la vida. Claro que en vista de cómo celebré los 29 me dan ganas de largarme yo sola ese día a la otra punta del país y no coger el teléfono.

Me he ido por las ramas de mala manera, pero para compensar os diré en qué si he notado que voy para lo que vulgarmente se conoce como "pureta": No sólo me he aficionado a "Sexo en Nueva York" sino que me siento identificada con algunas tramas... Ahí lo dejo, saquen sus propias conclusiones, amigos, que yo por esta noche ya me he enrollado de mala manera.

¡Feliz fin de semana!

PD: Pero sigo odiando a Sarah Jessica Parker :P

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Let it be

5/03/2011

Cuando me he quedado a solas conmigo misma, en los momentos más duros, él ha estado conmigo. Siempre animándome, a su manera, pero sin moverse de ahí. Y en mis momentos más oscuros se ha plantado delante mía para reconfortarme, para abrazarme e incluso tomarme en sus brazos y levantarme.

Si cuando nos hemos roto el corazón el uno al otro hemos salido adelante, tiene que ser por algo. Si aunque tuvimos que separarnos hubo una oportunidad que supimos ver para salvar lo nuestro, tiene que existir un por qué.

En las noches lluviosas él brilla como una luz dentro de mí que no se apaga hasta el amanecer. Nos levantamos mirándonos a los ojos, escuchando una música que sólo suena en nuestros corazones. En ese momento nos parece imposible poder sentir tristeza.

Así que si, no me pesa dejarlo estar. No me importa esperar a que estos acordes sean nuestra marcha nupcial mientras nos seguimos susurrando agridulces palabras al oído.


Basado en la letra de Let it be y dedicado a alguien que probablemente no lo leerá.

El síndrome de abandono

4/22/2011


Resumiendo, este síndrome afecta a personas que se hayan sentido abandonados por un familiar directo o por alguna antigua pareja. Vamos, en ese perfil creo que entrará el 80% de la sociedad tirando por lo bajo pero supongo que el tema es que a unos nos calará más que a otros. El caso es que cuando ese abandono ocurre el sujeto decide que ha sido culpa suya, que tiene una parte oscura que hará que a la larga se aleje de él todo el mundo. Por lo tanto se mostrará ansioso en sus relaciones afectivas, primero queriendo complacer al otro en demasía y a la mínima (una cita anulada, una mala cara...) creerá que la otra persona ha descubierto su lado malo y le va a abandonar. Esto, claro, genera una inseguridad brutal llegando incluso a producir ese rechazo que se pretende evitar. Además no todo el mundo soporta igual de bien la presión de tener alguien al lado que te pregunta constantemente qué te pasa o que monta un drama si un día te ha ido mal en el trabajo y tienes una cara de perros.

Saber que me pasa esto ha sido liberador. De pronto pasaron por mi cabeza imágenes de toda mi vida y me veía una y otra vez cometiendo el mismo error sin saber qué estaba haciendo mal. Es que para mí estaba clarísimo, yo tenía dentro el mal cual Sigourney Weaver cuando tiene el alien en su interior y afecta a su personalidad y era cuestión de tiempo que quien se acercara a mí lo descubriera. Pensaba que había amistades que me duraban más porque tardaban más en verlo. Ahora me he librado del alien y me he quitado de encima la presión de que la culpable de todo lo que pase en mis relaciones sociales tenga que ser yo. ¡Es genial no ser un bicho!.

El lado negativo es que no va a ser fácil librarme de un comportamiento que tengo tan interiorizado. Por lo menos ya consigo percatarme de cuándo mi percepción me está engañando y empiezo a sentirme insegura por miedo al abandono. No tengo claro si llegaré a erradicar cualquier atisbo del síndrome y tampoco me agobia conseguirlo porque ahora que sé a lo que me enfrento.

Así que os animo a todos los que os hayáis sentido abandonados alguna vez en la vida a soltar de una vez de vuestros hombros esa pesada carga de responsabilizaros por ello. Esa persona se perdió alguien tan maravilloso como vosotros y siendo inseguros lo único que conseguimos es que otros que se nos quieran acercar se cansen de nuestras dudas. Si vamos a tener que cargar con nosotros mismos el resto de nuestra vida, ¡vamos a querernos un poco más!.


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Es más que amor... es pasión

4/21/2011

Tarde de vacaciones. Ociosa por obligación porque necesito desconectar. Abro Spotify y pienso en qué canción recomendar vía Facebook un día como hoy. No lo dudo: "tiene que ser una del Superstar" me digo a mí misma y pongo el Getsemaní de Camilo Sesto a todo trapo. La canto a voz en grito hasta que termina y aleatoriamente comienza a sonar Simón Zelotes, también de la BSO de esta genial ópera rock de los setenta. ¡Coño! Qué curioso, al mismo tiempo tengo una nueva notificación en Facebook: "Paco Cifuentes te ha invitado al evento PRÓXIMOS CONCIERTOS"... Mi mente comienza a volar muy atrás, a mi época adolescente, hasta dar con el origen de mis pasiones, con el germen de las grandes cosas que todavía hoy me mueven en la vida:


Capítulo 1. El Teatro

Y es que, con quince años, una noche de luna llena de 1997, me enamoré para siempre del teatro (como conté en este mismo blog hace algún tiempo). Por entonces, lo he contado muchas veces, yo era una pipiola que quería ser hippie, bohemia y artista. Así que me pegaba a los que eran así en el instituto, mayores que yo y con ese aire interesante que tanto respeto me infundía. En el grupo de teatro estaban algunos de ellos (que, de hecho, son hoy grandes artistas) como el propio Paco Cifuentes o Rober Terán, por lo que la pequeña Marta adolescente se compró entradas para las cinco representaciones de Jesucristo Superstar. ¿Qué pasa? Lo hice porque no siempre hacían los mismos los papeles principales y porque mi amiga Bárbara hacía de apóstol y me tenía enganchada a todo lo relacionado con el montaje. Al final terminé formando parte, en cierto modo, de todo aquello y supe que yo también quería hacerlo. Un año después, cuando me subí a las tablas por primera vez, me enganché al escenario de por vida. La sensación que tiene uno cuando baja el telón es lo más parecido a enamorarse que he experimentado. Te embarga una paz y una alegría incontrolables durante los siguientes días y entonces no puedes pensar en otra cosa más que en ello. Mi trayectoria como actriz de momento es corta e irregular: un protagonista y un secundario en el instituto, algunas escenas cortas, un corto haciendo de una Lady Macbeth prostituta, una obra interactiva escrita a dos manos con mi amigo Carlos Tuñón para la facultad y una adaptación también para la facul. ¡Ah! también algo de teatro loco de calle con una compañía de la que fui fundadora y siempre me sentiré orgullosa de decir que su nombre estuvo inspirado por mi afición beatlémana: IMAGINA TEATRO.

Capítulo 2. La música y Los Beatles

En casa siempre había una radio encendida, mi madre debe tener una en cada habitación. Así que creo que llevo escuchando música desde que nací. En algún momento que no consigo determinar pasé del Radiolé a los 40Principales y ya entonces grababa en cintas las canciones para poder jugar a que era locutora de radio... pero eso es de otro capítulo. Como ya he explicado antes yo me pegaba a los pantalones de todo chico o chica mayor con aires de bohemio o hippie que conociera. Además de los teatreros teníamos a los que escribían la revista del instituto, muy ácida y con un rollo underground que yo nunca he tenido pero que adoro. ¿Os he contado que me cortaba mucho con los bohemios? Si, verdad. Pues con Antonio, Alfonso Amo, David Calzado y compañía me pasaba que no encontraba temas de los que hablar con ellos pero quería conocerles mejor. La solución la encontré en el britpop, escuchando los 40 a diario era toda una experta y a ellos les molaba... Conseguí mi objetivo y Antonio me propuso escribir un artículo sobre John Lennon para la revista... ¡Yo sólo sabía de John Lennon que era de Los Beatles y que estaba muerto! Así que Antonio y la canción Lemon Tree de Fool's Garden son los culpables de mi beatlemanía. De las locuras que he hecho por Los Beatles mejor os hablo otro día... o escribo un libro que da para eso si sumo las que han hecho amigos míos.

Capítulo 3 (y último). La radio y el periodismo

Volvamos a 1995. Habíamos dejado a una joven Marta casi recién llegada a Sevilla pegada todo el día a un radiocasete de doble pletina. Escribía mis propias entradillas para las canciones, las presentaba y me fastidiaba cuando no las había podido grabar de la radio enteras. Como un par de años después descubrí que los 40Principales convocaban anualmente un concurso para nuevos locutores. Llamé muy ilusionada a la emisora y un amabilísimo Luis Rollán (que también había sido, casualidades de la vida, uno de esos bohemios de mi instituto) me explicó que no podía participar porque no alcanzaba la edad requerida. Hasta entonces había querido estudiar una ingeniería pero ese día tuve claro que iba a ser periodista y que ni la edad ni nada se volvería a interponer en mi camino.

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Los más observadores habrán notado que todas mis pasiones (hasta mi pareja, al que no meto en este ránking pero sabe que es lo que más me apasiona de la vida) nacen en la adolescencia. Y creo que es así para la mayoría de nosotros. Cuando tenemos catorce, quince años... nos atrevemos a soñar, a hacer las cosas desde el corazón y hasta las últimas consecuencias, queremos tocar la luna con las yemas de los dedos. Después, si no la regamos, esa pasión va muriendo como una flor que se marchita si no la atiendes a diario. Así que esos bohemios, hoy algunos amigos ya sea en la distancia o en el recuerdo, son los "culpables" de que siga siendo una apasionada de la música, Los Beatles y el teatro... y cuando por fin me gane la vida como periodista podré decir que lo conseguí en parte gracias a ellos. Bueno, a ellos y a una Marta adolescente a la que nunca he querido traicionar.

¡Feliz Jueves!


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I read the news today, oh boy...

3/09/2011

Escuchar a Iñaki Gabilondo hablar de periodismo es siempre inspirador, me recuerda por qué estoy dispuesta a tanto por una vocación que no todos entienden. El maestro dice que no es una profesión, sino una forma de vida, y yo no lo tenía claro hasta que empecé a pensar en los ojos con los que miramos el mundo los que amamos esa profesión.


Domingo, diez de la mañana. Varias personas esperan el bus pero delante de la parada hay un contenedor. Cada cierto tiempo alguien se asoma para comprobar si calle abajo ya viene, vuelve a su sitio original y sigue esperando. Los demás le miran esperando un gesto para saber si viene o no viene el esperado 2. Si no lo obtienen, otro se adelanta para comprobarlo por él mismo y seguramente también se guarde la información para él. Entonces es el turno del periodista, que otea la calle e informa a los demás: "ahí viene".

Viaje en autobús a Jaén, varias mujeres se ponen al día de sus vidas, su día a día. Una de ellas cuenta una anécdota doméstica y, cuando se dispone a contar una segunda, la periodista del grupo intenta llegar al fondo del asunto. En un abrir y cerrar de ojos le ha sacado las 5W del caso (qué, quién, cómo, cuándo y por qué) e incluso ha buscado otra fuente para contrastar la información.

Dos ejemplos cotidianos, casi cómicos, del sinvivir del periodista. Si acude a una charla siente la necesidad de sacar los titulares y hacerlos públicos. Cuando va a cualquier evento cultural no puede remediar analizarlo y elaborar una crítica, si va al baloncesto necesita ver los parciales de los jugadores y hacer saber al mundo que ese alero tiene futuro. De no llevar su libretita y hacer todas estas cosas está incómodo, luchando por no olvidar las claves de un artículo al respecto que nunca escribirá. Las redes sociales no nos ayudan, no señor. Mis amigos me suelen acusar de adicción a ellas porque siento la necesidad de compartir la información que pienso puede interesar a mis seguidores, no puedo evitar procesar lo que comparten otros ni llegar al fondo del asunto. Así que termino como este pasado lunes, escuchando un discurso de Pastrana por el día de la mujer trabajadora mientras tuiteo los titulares que va dando y mis compañeras me miran extrañadas, seguramente pensando que soy una maleducada por jugar con el móvil mientras el pobre hombre habla.

No cuento ya lo mal que lo paso con Spotify, me tengo que centrar mucho en lo que esté haciendo para no pararme cuando empieza una canción y colgarla en facebook haciendo mi propia presentación al estilo de los 40 Principales: "ahora vamos a con el éxito de los noventa de la actriz y cantante Jennifer López, primer single de su premiado trabajo On the 6. Esto es Let's Get Loud" O de lo que sufro cuando veo/escucho/leo una entrevista a un personaje que yo querría entrevistar. Especialmente con Antonio Gala, Emilio Aragón, Olivia Harrison y Yoko Ono me suelo acabar tirando de los pelos. No, cuando entrevistan a Paul McCartney o Ringo Starr no me pasa porque soy consciente de que si los tuviera delante no podría más que tartamudear y todo lo que dijera me parecería una estupidez más grande que cuando Bisbal y Chenoa le preguntaron a Paul por una canción de Lennon...

Así que, niños, buscad otra vocación porque la vida de periodista te atrapa y ya nunca te suelta... además se gana muy poco.

¡Feliz miércoles!


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Getting Better

3/02/2011

Bueno, bueno, bueno. Dos meses enteros de incertidumbre, de no escuchar a mis tripas y de sentirme perdida y derrotada por la vida han sido más que suficientes. He vuelto a hacerlo, he cogido mi vida por los cuernos y he tomado decisiones arriesgadas pero necesarias. No es que yo sea nada especial, seguro que vosotros lo habéis hecho miles de veces, pero me suele costar escucharme a mí misma cuando lo que pretendo decirme contradice a la lógica. Mis amigos, mi familia y, sobretodo, Oni me vuelven a demostrar la gran suerte que tengo de tenerlos cerca. Todos me apoyan incondicionalmente e incluso están siendo parte importante en los cambios. ¡Gracias a todos!

Tengo otra buena noticia, y es que aquellas conversaciones que tenía pendientes con gente que me es muy querida ya han sucedido y con balance más que positivo. Hace poco le decía a Oni que no termino de entender por qué estoy en constante proceso de evaluación personal ni por que la gente que tengo alrededor (el primero él) no teme decirme a bocajarro lo que piensan de mí. Le preguntaba si acaso creían que era más fuerte de lo que soy. Pero, hablándolo, los dos coincidimos en que eso es una bendición. Es fenomenal que me puedan decir las cosas así y yo siempre preferiré estar jodida por ver que cometo un error a vivir en la ignorancia. Siempre.

Más cosas... el blog. Como ya adelanté va a jugar un papel importante en este proceso. El de contarlo por si a alguien lo que yo hago o decido le puede servir para su propio crecimiento personal. Por el momento puedo adelantar que he empezado a leer un libro, Getting Things Done (Organízate con Eficacia en español), de David Allen. Se trata de un manual de gestión personal y productividad que conocí a través del bloguero Berto Pena al que sigo desde hace tiempo. No he llegado a la mitad del libro pero el haber empezado a aplicar sus teorías ha hecho que mi mente esté más libre y creativa que nunca. Pero bueno, todo eso es materia de mi siguiente post. Por el momento, como dice el título y dijeron Los Beatles, las cosas van mejorando... porque aún no he contado el notición del año y creo que de la década:

RINGO VIENE A ESPAÑA

Al menos eso dice en la última actualización de su página oficial con la que me despido por hoy:




¡FELIZ MIÉRCOLES!

Ando tristona...

2/03/2011

Y me siento mal por ello porque no tengo motivos para estarlo. Es como si estuviera asimilando una apatía y un desánimo que ya no son míos sino que me rodean. Pero no vienen de nadie en concreto, es como si el mundo me transmitiera esos sentimientos. O el entorno, o vete a saber. Supongo que en los tiempos en que vivimos de crisis y frustración puede ser hasta normal, pero no me gusta. Es como estar metida en una tinaja y no poder salir. Siempre he sido capaz de plantar cara a las energías negativas, a mi propio boicot emocional.

En cambio, ahora siento como si hubiera llegado a mi destino y no hubiera nada más para mí. Si intento identificar ese sentimiento creo que sé por dónde vienen los tiros. Ha llegado la hora de enfrentarme al mercado laboral periodístico, con la carrera a punto de terminar, y tengo pánico. De no conseguirlo, de no llegar, de no ejercer. Si lo pienso, y lo estoy haciendo ahora que tengo que verbalizarlo, ese pánico unido a que este año dejo la veintena es lo que me está paralizando.

He oído muchas veces que pasa cuando estás cerca de conseguir un objetivo vital que lo ves más lejano que nunca, entras en pánico y corres el riesgo de rendirte cuando casi lo tocas con la punta de los dedos. Sea como fuere, no me gusta estar así. No quiero concederle a este sentimiento más espacio en mi vida. Así que pido el consejo de mi querida audiencia, ¿qué me pasará? ¿tiene cura, doctor? ¿qué hago al respecto?

¡Feliz jueves!

La que sigue aquí

1/20/2011



¡Feliz año! Me sonrojo al pensar que ni el año había felicitado por aquí. Pero si algo aprendí en 2010 fue a priorizar... de verdad. Durante toda mi vida había pensado cosas sobre mí misma que el puñetero año que acabamos de despedir me desmontó. Ni era tan generosa como me creía ni sabía priorizar o relativizar, por ejemplo.

No era generosa porque si, me dejo la piel por ayudar a los que quiero y a los que puedo. El matiz es que antes les ayudaba a hacer las cosas como YO creía que se tenían que hacer. Nada de apoyar a los demás y ayudarles en sus decisiones o dejarles elegir su camino. Y, a base de sangre, aprendí la lección. Si algo le pido a mi futuro después de lo mal que lo pasé es ser capaz de darme cuenta de las cosas de otra manera en lo venidero.

Y tampoco sabía relativizar ni priorizar. No valoraba mi armonía, mi paz interior. Ahora me quiero como persona con limitaciones que soy, sé hasta dónde estoy dispuesta a llegar y hasta dónde no. Eso lo aplico a personas, actitudes, situaciones y a mí misma. Lo malo es que cuando te tiras casi 30 años siendo complaciente, preocupándote más de agradar o no defraudar a los demás que de ti misma... cuando cambias de actitud muchas veces la gente no lo entiende. Ni siquiera los que tienes cerca. Porque no llevo un cartel que diga "PELIGRO, CAMBIOS ESTRUCTURALES EN CURSO". Así que ahí empieza un juego de compensaciones: si X persona me compensa puedo ser más paciente en el proceso de que se adapte a mis cambios, luchar para hacer que los entienda. Hasta el punto en que me compense, claro. Porque determinados caminos vitales no tienen marcha atrás.

¡La leche! Yo que venía a decir nada más que todavía no he decidido cuál será el futuro del blog y llevo tres párrafos. Hay cosas que no cambian, pese a todo. En fin, lo dicho, entre mis prioridades actuales no está tomar una decisión sobre el blog. De momento seguiré pasándome cuando me vaya apeteciendo aunque no tengo el tema tan abajo en mi lista como para que llegue, yo que sé, el verano por ejemplo sin que haya tomado decisiones al respecto.

En fin, soy yo, la que se marchó, la que sigue aquí sin mirar atrás, la que estuvo al borde del abismo... Vamos, que la canción de mi tocaya me viene al pelo (o casi, por suerte).

¡Nos leemos!
 

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