Conocerse a sí mismo es una tarea tan extensa y apasionante que nos lleva toda una vida. Cuando crees conocer tus reacciones, defectos y limitaciones un día algo que escuchas o lees te hace darte cuenta de que hay algo más que no controlabas. Algo así me pasó hace unos días de la manera más tonta, viendo un capítulo de la serie norteamericana "Cómo conocí a vuestra madre". Uno de los protagonistas nombraba el síndrome del abandono y, de pronto, en mi cerebro escuché un "click". Miles de piezas me cuadraban de repente. Investigué un poco en fuentes especializadas y descubrí más de lo que esperaba.
Resumiendo, este síndrome afecta a personas que se hayan sentido abandonados por un familiar directo o por alguna antigua pareja. Vamos, en ese perfil creo que entrará el 80% de la sociedad tirando por lo bajo pero supongo que el tema es que a unos nos calará más que a otros. El caso es que cuando ese abandono ocurre el sujeto decide que ha sido culpa suya, que tiene una parte oscura que hará que a la larga se aleje de él todo el mundo. Por lo tanto se mostrará ansioso en sus relaciones afectivas, primero queriendo complacer al otro en demasía y a la mínima (una cita anulada, una mala cara...) creerá que la otra persona ha descubierto su lado malo y le va a abandonar. Esto, claro, genera una inseguridad brutal llegando incluso a producir ese rechazo que se pretende evitar. Además no todo el mundo soporta igual de bien la presión de tener alguien al lado que te pregunta constantemente qué te pasa o que monta un drama si un día te ha ido mal en el trabajo y tienes una cara de perros.
Saber que me pasa esto ha sido liberador. De pronto pasaron por mi cabeza imágenes de toda mi vida y me veía una y otra vez cometiendo el mismo error sin saber qué estaba haciendo mal. Es que para mí estaba clarísimo, yo tenía dentro el mal cual Sigourney Weaver cuando tiene el alien en su interior y afecta a su personalidad y era cuestión de tiempo que quien se acercara a mí lo descubriera. Pensaba que había amistades que me duraban más porque tardaban más en verlo. Ahora me he librado del alien y me he quitado de encima la presión de que la culpable de todo lo que pase en mis relaciones sociales tenga que ser yo. ¡Es genial no ser un bicho!.
El lado negativo es que no va a ser fácil librarme de un comportamiento que tengo tan interiorizado. Por lo menos ya consigo percatarme de cuándo mi percepción me está engañando y empiezo a sentirme insegura por miedo al abandono. No tengo claro si llegaré a erradicar cualquier atisbo del síndrome y tampoco me agobia conseguirlo porque ahora que sé a lo que me enfrento.
Así que os animo a todos los que os hayáis sentido abandonados alguna vez en la vida a soltar de una vez de vuestros hombros esa pesada carga de responsabilizaros por ello. Esa persona se perdió alguien tan maravilloso como vosotros y siendo inseguros lo único que conseguimos es que otros que se nos quieran acercar se cansen de nuestras dudas. Si vamos a tener que cargar con nosotros mismos el resto de nuestra vida, ¡vamos a querernos un poco más!.

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