Declaración de intenciones bloguera

6/02/2014

Hola corazones:

Soy malísima para las fechas pero son ya unos cuantos los años que este blog lleva abierto y aunque por su idiosincrasia nunca me dará la fama ni riquezas ha sido muy importante en mi vida. Aquí están reflejados momentos muy importantes: cartas que escribía a mi primer sobrino no nacido, puntos de inflexión personales y laborales, amigos que fueron y vinieron... Pero sobretodo es un cuaderno de bitácora de mi evolución, mi crecimiento, mi camino hacia una tarea que lleva toda la vida como conocerme a mí misma. No tengo claro si en un acto de valentía o de ingenuidad me he abierto en canal, he hablado de mis defectos, carencias, miedos y fobias. De vez en cuando recibo comentarios o mensajes de conocidos o desconocidos dándome las gracias porque se han visto reflejados en alguno de mis textos. Ha pasado algunas veces y, solamente por eso, ha merecido todo la pena. 

Ahora estoy jugando, experimentando, con mi marca personal. La idea es llegar a tener una página personal a mi medida, pero de momento tengo un wordpress redireccionado desde martagnavarro.com. Jaime, mi socio en Nativo Social, me ha inculcado la importancia de tener tu propio dominio y así lo he hecho, jeje. En ese espacio escribo y escribiré sobre temáticas que profesionalmente me interesan, compartiré conocimiento que descubra y daré cuenta de la actividad de Nativo. Eso antes lo hacía en estos Campos de Fresas pero eso no quiere decir que los vaya a abandonar. No podría ni sabría. Esta ventana queda abierta para mi lado más personal, mis pensamientos en voz alta, frikismos, opiniones, acontecimientos y cualquier cosa que se me ocurra. Como ha sido siempre. 

Así que os espero aquí y en mi página web:





45 años de la "encamada por la paz" de John y Yoko

5/31/2014

Durante la guerra de Vietnam y tras su boda en Gibraltar (cerca de España), John Lennon y Yoko Ono planearon dos performances llamadas "bed peace", durante las cuales permanecerían en cama charlando con todo aquel que se pasara por allí a charlar con ellos. 

El 31 de mayo de 1969, hace hoy 45 años, invitaron a celebridades, pensadores y artistas de toda índole para lo que hoy es un momento histórico. Cantaron en directo "Give peace a chance", himno dedicado a la paz. En palabras de Yoko Ono a través de su canal de Youtube:

Dear Friends,

In 1969, John and I were so naïve to think that doing the Bed-In would help change the world.
Well, it might have. But at the time, we didn't know.

It was good that we filmed it, though.
The film is powerful now.
What we said then could have been said now.

In fact, there are things that we said then in the film, which may give some encouragement and inspiration to the activists of today. Good luck to us all.

Let's remember WAR IS OVER If We Want It.
It's up to us, and nobody else.
John would have wanted to say that.

Love, yoko

"Queridos amigos,
En 1969 John y yo éramos tan inocentes como para pensar que encarmarnos podría ayudar a cambiar el mundo. Bueno, a lo mejor lo hizo. Pero en ese momento no lo sabíamos. 
Aunque es bueno que lo grabáramos.La filmación hoy es un documento poderoso. Lo que decíamos podía haberse dicho hoy en día..
En realidad, hay cosas que decimos en la grabación que pueden estimular e inspirar a los activistas de la actualidad. Buena suerte a todos ellos.  
Vamos a recordar que LA GUERRA TERMINA si nosotros queremos. Depende de nosotros, de nadie más.A John le habría gustado decirlo. 
Con amor, Yoko"


El director Nic Knowland filmó lo que ocurría en la habitación de hotel de Montreal que ocuparon John y Yoko del 26 al 31 de mayo de 1969. De ahí nace el documental Bed Peace. Si vais al minuto 51 podéis ver el momento en que interpretan Give peace a chance.

Como bien dice Yoko, la letra de la canción sigue más que vigente y lo que en ella se dice lo deberíamos gritar bien alto a diario los que creemos que un mundo mejor es posible. Habla de la "casta", tan de moda ahora por los discursos de Pablo Iglesias, portavoz de Podemos. Habla de "revolución, masturbación, flagelación, evolución, regulación, integración, meditación y Naciones Unidas". Esto último en parte porque Lennon era un maestro de los juegos de palabras y, de hecho, la canción es un enorme juego de palabras. También habla de ministros, obispos y modas... Pero la propia canción deja claro que nada de eso importa, que lo importante es darle y darnos una oportunidad para la paz.

Pero la paz no consiste en mirar para otro lado mientras nos pisotean. Sino en plantar cara a la situación actual y decir "nos vais a tratar como iguales y optamos por conseguirlo pacíficamente". Revolucionando las urnas electorales, las calles y las instituciones. Yoko y John lo hicieron desde una cama, ¿cómo lo vamos a hacer nosotros?


Diez años

3/11/2014



El 11 de marzo de 2004, al igual que yo, en Madrid se levantaron muchas personas sin tener ni idea de que ese sería su último amanecer. En mi caso lo primero que recuerdo es que había quedado a las dos de la tarde con algunas compañeras de trabajo en una cafetería frente a la facultad de económicas de Sevilla. El local estaba de bote en bote, no cabía ni un alma pero cuando entré todo el mundo estaba en silencio. Un silencio sobrecogedor, que asustaba. Ya había escuchado conversaciones en el autobús, algo de un atentado y en la cara de la gente se leía preocupación. 

Me abrí paso hasta la barra de la cafetería y descubrí el foco de atención, la televisión. A partir de ese momento no pude apartar la vista del aparato, no me podía creer las imágenes que estaba viendo. A cada minuto hablaban de más víctimas, llamaban más testigos, la desesperación y la incertidumbre aumentaban. No he vuelto a vivir silencios tan intensos como los de aquel 11 de marzo. 

No recuerdo cuánto tiempo pasó hasta que reaccioné. Por entonces no tenía redes sociales, no existía el whatsapp ni por supuesto teníamos internet en el móvil. Pero a través de internet (foros, chats...) tenía muchos amigos y conocidos en Madrid. Sobretodo relacionados con el mundo beatlémano. De buenas a primeras salí a la calle, agarré el móvil y comencé a llamarles a todos. En un acto casi instintivo, realmente nunca supe por qué porque con algunos ni siquiera hablaba a diario. Uno de mis amigos, cuyo nombre no daré porque nunca le he preguntado si lo puedo contar, cogió justo el tren que venía detrás de uno de los siniestrados. De hecho al aproximarse a Atocha se tuvieron que bajar y pasar por la zona cero andando. Nunca hemos vuelto a hablar del tema pero su relato era casi el de alguien en estado de shock, con muchos "¿y si?".

La mayoría de la gente a la que llamé no cogían el teléfono, las líneas estarían aún seguramente colapsadas. En las siguientes horas, eso si, comprobé que estaban todos bien. Poco a poco el grupo de compañeras empezamos a andar hacia el trabajo. Por entonces era teleoperadora, de ésas que te llaman de tu operadora para ofrecerte productos nuevos o de otras compañías para que te cambies. Entrábamos, creo, como a las 4 de la tarde. Pero ninguna tenía cuerpo para coger el teléfono y llamar. Lo único que nos nacía era llorar una vez sentadas delante del ordenador y el teléfono.


Ese día y el siguiente, oh sorpresa, nos tocaba llamar a Madrid. Y ahí nos plantamos. Intentamos llamar una vez, dos,... pero con miedo de que alguien nos dijera que cómo se nos ocurría llamarles en un día así o que estaban buscando a un familiar. Empezaron a llegar a nuestros móviles mensajes convocándonos a una manifestación. Pedimos a nuestros jefes recuperar las horas de esas jornadas durante los días siguientes, no podíamos llamar, queríamos estar en esa manifestación con el resto de España. Era impensable estar en otro sitio. Encontramos menos resistencia a la idea de la que cabría esperar. No es una buena imagen comercial llamar a los clientes para venderles algo el día del mayor atentado de la historia de Europa y durante las manifestaciones no habría a quien llamar.

A la hora de la manifestación ni una compañera se quedó en su casa, incluso las coordinadoras nos acompañaron. Nos dirigíamos a la estación de tren de Santa Justa en silencio y a cada segundo más emocionadas porque éramos cientos las personas que hacíamos el mismo camino sin mediar palabra. Una vez que llegamos a la manifestación estuvimos horas paradas porque cuando la cabecera finalizó el recorrido quedaban miles de personas que no pudimos ni llegar a salir. 

Volvimos a casa en autobús y era impresionante ver cómo ya todos los vehículos públicos lucían crespones negros. La gente seguía sin hablar, creo que el país entero estuvo en shock dos días más o menos. 

Las televisiones ponían las mismas imágenes una y otra vez, casi sin decir nada nuevo, pero no podíamos dejar de verlo. Como si quisiéramos estar cercanos de alguna manera con todos los que estaban sufriendo la tragedia. Esta nueva estrategia televisiva que se usó por primera vez aquel día se ha repetido, desgraciadamente, en acontecimientos como los accidentes de Spanair y del tren de Santiago o el fallecimiento de Rocío Jurado, retransmitido casi a tiempo real desde las inmediaciones del domicilio de la cantante. 

Unos días después de la boda real, celebrada el 22 de mayo, llegué a Madrid. Y casi recién llegada me monté en un cercanías. Había un miembro de protección civil a cada lado de cada puerta, recorrían los vagones y cuando pasaban los pasajeros quedaban inmediatamente en silencio. La mayoría agachaban la cabeza y algunos incluso lloraban. Habían pasado más de dos meses pero era como si el tiempo no hubiera pasado. Llegué a Atocha y aquello parecía más que una estación un campo sembrado de dolor, rabia, tristeza e indignación. Flores, mensajes, fotografías, dibujos... allá donde miraras te volvían a la mente aquellas imágenes del 11 de marzo. 

Han pasado diez  años y no solo no se han cerrado todas las heridas sino que algunas se abrieron e infectaron con el paso de los días. Ni una palabra me merece el papel indigno que representó la clase política española en aquellos momentos. Ninguno, en mayor o menor medida, estuvo a la altura de lo que merecían los ciudadanos de Madrid y las víctimas de la tragedia. 

ELLOS, las víctimas mortales, las 191 personas que murieron en el atentado y el agente que falleció en el piso de Leganés. Junto con todos los supervivientes de aquel horror y las familias de unos y de otros son los protagonistas de cada homenaje y recuerdo, de los pensamientos de todos los españoles en días como hoy. 
 

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